Por la jornada 22 de La Liga EA Sports, el Santiago Bernabéu volvía a abrir sus puertas cargado de dudas y silencios incómodos. El Real Madrid recibía al Rayo Vallecano todavía con la herida abierta tras la dolorosa caída en Da Luz, una derrota que había dejado marcas visibles tanto en el vestuario como en el ánimo de su gente.
En busca de respuestas inmediatas, Arbeloa introdujo matices en su once inicial, apostando por Camavinga como lateral izquierdo y relegando a Álvaro Carreras y Fran García al banquillo.La previa fue un espejo del momento. El murmullo era espeso, casi asfixiante, y las pifias acompañaron el calentamiento como un recordatorio constante de que la paciencia del madridismo había entrado en números rojos. Incluso tras el pitazo inicial, el Bernabéu parecía observar más que alentar, a la espera de señales.
Las primeras acciones mostraron carácter. Apenas al minuto dos, Vinicius desbordó por izquierda y lanzó un centro sin destinatario, pero no dudó en girarse hacia la grada pidiendo apoyo, reclamando complicidad.
Sin embargo, el primer aviso serio fue para el arco blanco. Al minuto cinco, el Rayo quiso aprovechar la tensión: Ilias Akhomach tomó el balón, dejó atrás a Camavinga y se adentró en zona de peligro, sacando un remate raso que se marchó rozando el poste de Courtois.
Las grietas seguían apareciendo en la nave merengue. Al minuto ocho, Jude Bellingham acusó un tirón muscular y obligó a una sustitución tempranera, ingresando Brahim Díaz en su lugar. Un contratiempo que pudo haber acentuado la ansiedad, pero fue entonces cuando emergió el talento individual.
Minuto 15. Arda Güler filtró un balón desde la mitad del campo y Vinicius asumió el protagonismo. Encara a Ratiu y Lejeune, engancha con decisión y encuentra un resquicio en la muralla rayista para sacar un disparo colocado imposible para Augusto Batalla. Gol y desahogo. El brasileño explotó en celebración junto a unas gradas que, por primera vez en la noche, parecían reconciliarse con el equipo.
El tanto liberó al Real. Tres minutos después, Arda volvió a aparecer desde el costado derecho con un remate raso que Batalla rechazó, dejando un rebote que Vinicius no logró dirigir con precisión. Los blancos empezaban a encontrarse: más asociaciones, movilidad constante de Mbappé, intercambios entre Brahim, Mastantuono y Güler, y una circulación más fluida para salir de la presión.
El Rayo no desapareció. Al 34, Jorge de Frutos exigió a Courtois con un disparo raso bien contenido por el belga, siempre atento para aportar calma. También destacó Camavinga, polivalente y dinámico, alternando funciones entre pivote y carrilero según lo exigía el juego.
Sin mucho más que añadir, se cerraron los primeros 45 minutos. El Real se marchó al descanso con ventaja mínima, pero con mejores sensaciones: creativo, más suelto y con un Vinicius profundamente involucrado, como faro ofensivo en una noche que pedía respuestas.
El descanso no trajo calma, sino más contratiempos. Una nueva lesión obligó a Arbeloa a mover el tablero: Raúl Asencio no pudo continuar y su lugar lo ocupó Dani Ceballos. El ajuste ya era una constante en el libreto del técnico: Aurélien Tchouaméni retrasaba su posición a la zaga central y Ceballos asumía el mando como pivote, encargado de ordenar el caos.
Pero la tormenta no tardó en descargar su primer rayo sobre el Bernabéu. Al minuto 49, un gran centro de Ilias Akhomach encontró a Álvaro García, que ganó en el aire y dejó el balón servido para Jorge de Frutos. El extremo superó en velocidad a Tchouaméni y, a quemarropa, fusiló a Courtois. Empate. El estadio volvió a tensarse, atrapado entre la impaciencia y el desencanto. Vinicius, incansable, intentó sostener al Real a base de orgullo.
Al 56, un tiro libre servido por Arda Güler terminó en la cabeza del brasileño, pero el remate salió sin dirección. El gol se resistía y la ansiedad crecía. A los 60, Mastantuono dejó el campo sin poder brillar y Gonzalo García, el nueve de La Fábrica, ingresó con la misión de inclinar la balanza.El partido se volvió frágil para el Madrid.
Al 63, una jugada a balón parado mal ejecutada derivó en una contra letal del Rayo. Akhomach se plantó mano a mano ante Courtois, que sostuvo al equipo con una intervención salvadora. El abismo estuvo cerca.
Cinco minutos después, el Bernabéu se llevó las manos a la cabeza. Arda Güler, desde la mitad del campo, filtró un pase de manual para Mbappé a la contra. El francés ganó la carrera, superó a Batalla, pero su disparo con el arco vacío se estrelló contra el travesaño. Incredulidad total. El empate persistía.
Vinicius siguió remando contracorriente. Cada transición pasaba por sus botas, siempre rodeado por Ratiu y Lejeune, siempre forzado a luchar contra la superioridad numérica de su marca.
Al 77, Arbeloa apostó por un golpe de timón: ingresaron Alaba y Rodrygo, mientras Huijsen se marchaba entre silbidos y Arda dejaba el campo tras ser el faro creativo.
El Rayo se quedó con diez al 80 tras la expulsión directa de Ismaël Ciss por una dura entrada contra Dani Ceballos. El Madrid olió sangre. Ceballos probó desde fuera, luego asistió a Camavinga, cuyo cabezazo se estrelló en el poste. La fortuna también jugaba su partido.
El encuentro se calentó. Faltas duras, protestas, nueve minutos de añadido y un Rayo atrincherado. Al 98, llegó la última escena. Balón en el área, derribo claro, penalti.
El estadio contuvo el aliento. Kylian Mbappé con sus doce letras, la mando a guardar de doce pasos.
La frustración visitante terminó en otra expulsión, la de Josep Chavarría. El libro se cerró con sufrimiento, pero el Real, empujado más por la fe que la táctica, logró escribir su final con tres puntos que lo mantienen a uno del Barcelona.
Siguiente cotejo este 8 de febrero a las 21:00 (hora España) en Mestalla.





